CRISÓPIDOS » Pequeños insectos pero grandes depredadores

Los crisópidos son pequeños animales del bosque que pertenecen al orden de los neurópteros, es decir, insectos de alas largas y membranosas, cuerpo frágil, ojos compuestos y sobre todo, grandes depredadores, característica que les ha permitido sobrevivir fácilmente en su hábitat, y razón por lo cual han conseguido ganarse la aceptación del hombre, quien los utiliza para reducir las excesivas poblaciones de otros artrópodos que causan daños en los cultivos, aunque esta cualidad para el control de plagas es realmente útil durante su etapa larval.

Características de los crisópidos

Estos insectos del bosque también conocidos como crisopas, leones de áfidos, alas de encaje u ojos dorados, miden entre 12 y 20 milímetros de largo y además, son de color verde claro con alas transparentes cuando alcanzan la etapa de la adultez.

Su cuerpo es delicado y alargado, sus ojos son grandes y tal como lo indica uno de sus nombres, suelen ser de color dorado. Como cualquier insecto, los crisópidos tienen un par de antenas largas en la cabeza y seis patas distribuidas por pares en el tórax.

Sin embargo, antes de llegar a la edad adulta, estos pequeños animales del bosque se convierten en larvas alargadas con el abdomen notablemente ancho en comparación al resto de su cuerpo.

Asimismo, cuentan con poderosas y puntiagudas mandíbulas que utilizan para atrapar a otros artrópodos, al tiempo que los succionan a través de conductos unificados en su estructura maxilar.

Hábitat de las crisopas

Aunque el hábitat de las crisopas suele ser de abundante vegetación, como el bosque, sus hábitos de alimentación despertaron el interés de los humanos por emplearlos a modo de controladores naturales de plagas.

En este sentido, podemos encontrar especies de crisopas (conocidas científicamente como Chrysopa perla) distribuidas en Asia y Europa, pero también existen otros crisópidos en las Islas Baleares y la Península Ibérica.

No obstante, el hombre se ha encargado de ampliar el radio de ocupación de estos insectos del bosque, criándolos y llevándolos a cultivos agrícolas para evitar pérdidas económicas a causa de las plagas.

Actualmente también se pueden hallar muchas especies en sitios comúnmente frecuentados por las personas, ya sean jardines o parques en medio de la urbe.

Alimentación: carnívoros voraces

Los crisópidos son insectos carnívoros desde la etapa larval, pero algunas especies como la “carnea”, pasan a una dieta de polen y néctar cuando crecen.

De hecho, antes de madurar por completo, una larva puede ingerir entre 200 y 500 áfidos. Para lograrlo, buscan presas mucho más pequeñas que ellas.

Siendo así, las crisopas acostumbran a cazar mayormente pulgones, cochinillas, arañas rojas, huevecillos de mariposas, moscas blancas o minadoras, entre otros.

Cazadores de hábitos nocturnos

Estos predadores son nocturnos (a excepción de pocas especies diurnas), y acostumbran cazar entre las últimas horas del día y las primeras de la noche.

A lo largo del día se centran en descansar reposando a escondidas en la vegetación que, como hemos mencionado, suelen ser espacios cultivados.

Por lo general, este tipo de insectos se desenvuelven como depredadores en ambientes que no sobrepasen los límites que van desde 12 hasta 35°. Las larvas de crisopas también pueden consumir néctar y polen de las flores cuando no consiguen alimento, pues su apetito es voraz.

Reproducción de los crisópidos

Los crisópidos tienen una reproducción ovípara, lo cual significa que ponen huevos. Esto sucede durante la estación de la primavera, aun así, en un año pueden dar paso a tres generaciones.

La crisopa pone los huevos en las hojas de los cultivos, donde abundan insectos a devorar, y éstos cuelgan de un delgado hilo de seda. Alrededor de los siguientes seis días comienzan a nacer las larvas, para luego pasar por tres estados de desarrollo que rondan los 13 días.

Al concluir ese lapso de tiempo, los crisópidos entran en una nueva fase en la que se les denomina como “pupa”, justo antes de madurar. En resumen, el período de crecimiento previo a completar la adultez, varía entre dos y tres semanas donde las larvas reducen la población de plagas.

Control biológico: producción masiva y amenazas

Para poder realizar una producción masiva de crisopas con éxito que logre reducir a otros artrópodos dañinos, los especialistas han tenido que recurrir solo a métodos naturales.

En este sentido, utilizan los huevos de dichos insectos en ambientes controlados para poder garantizar el nacimiento de suficientes larvas predadoras.

De este modo se consiguen hasta dos millones de huevos diarios, no obstante, deben aplicar ciertos sustratos especiales o incluso liberar cantidades de larvas para evitar que ellas mismas se coman entre sí, puesto que también poseen conductas caníbales.

Depredadores de los crisópidos

Pese a ser insectos carnívoros de apetito voraz, los crisópidos no escapan de convertirse en el blanco de otros depredadores que están por encima de la cadena alimenticia.

Algunos de ellos son los murciélagos, las aves, o incluso ácaros que acaban devorando a las crisopas, además de más artrópodos que frecuentemente los atacan.

1 Estrella2 Estrellas3 Estrellas4 Estrellas5 Estrellas (1 votos, promedio: 5,00 de 5)
Cargando…